Por: MANUEL ACUÑA ASENJO
“No contando el ‘pueblo’ con la confianza
del partido, su Comité Central, en pleno,
ha resuelto expulsar al ‘pueblo’ y elegir
otro en su reemplazo”.
(Frase atribuida por Daniel Moore a Bertold
Brecht en su documento ‘La larga marcha de
Chile y su vanguardia’)
ESTABLECIENDO LAS CONDICIONES DEL ANÁLISIS
Han transcurrido poco más de dos meses desde que se realizara la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de diciembre pasado, y comienzan ya a acallarse algunas voces que se apresuraron a dar explicaciones o razones del por qué de la victoria de la Coalición por el Cambio y de la consiguiente derrota de la Concertación.
La generalidad de todas aquellas tienen un marcado carácter reduccionista, es decir, atribuyen la victoria/derrota a un hecho determinado, llámese corrupción, mala elección del candidato, necesidad de cambio, en fin. Otras, implícitamente, al dar a conocer los logros alcanzados por el ‘pueblo’ durante los gobiernos concertacionistas, culpabilizan a ese ‘pueblo’, inconsciente, incapaz de darse cuenta de lo que han hecho por él, obnubilado por las voces de la ‘derecha’, o critican a la Concertación por haberse ‘derechizado’ e, incluso, buscan explicaciones extraídas de los escritos de Habermas para sostener que, alcanzado la población un determinado nivel de vida, satisfechas algunas de sus necesidades, ese conjunto social se torna conservador, más exigente, quiere tener más, pero no junto a los que han estado actuando en su beneficio, sino desean obtenerlo vinculándose directamente con quienes antaño fueron sus adversarios. Unos, más osados y carentes por completo de teoría social, como el senador Guido Girardi, atribuyen a ‘falta de progresismo y de ciudadanía las causas de la derrota’. Todas esas circunstancias (con excepción de la última, de por sí, vaga e inconsistente) tuvieron, sin lugar a dudas, incidencia en el triunfo de la Coalición por el Cambio y derrota de la Concertación de Partidos por la Democracia.
Sin embargo, los fenómenos no se originan en uno, dos o más factores específicos, sino en el conjunto de todos ellos que, operando más o menos en tiempo y espacio determinados, provocan la nueva situación. En efecto, no existe UNA causa, sino múltiples circunstancias que confluyen a un campo común para producir el colapso de lo que ya existía y modificarlo sustancialmente.
Francesco Alberoni había advertido este hecho, al que denomina ‘traspaso (o cruce) de umbral’: determinados acontecimientos se dan cita en un lugar común para poner fin a determinada situación y dar origen a otra, nueva, diferente. Por eso, expresa que
“[…] son los factores que, cambiando lentamente, acumulan acciones de modo silencioso y subterráneo hasta que se rompe el equilibrio. Entonces el cambio se manifiesta de improviso, de modo catastrófico. Pero antes un observador acucioso hubiere podido prever el avecinarse de la explosión”[i].
Aparecen como un acto imprevisto, por consiguiente; como un hecho sorpresivo, como una ‘catástrofe’, en palabras de René Thom [ii]. Sin embargo, son circunstancias que se han ido acumulando pacientemente hasta alcanzar un peso social de proporciones que provoca esa salida, en apariencia inesperada, pero que un investigador precavido pudo, oportunamente, denunciar.
Las elecciones de diciembre de 2009, en Chile, repetidas con la participación de sólo dos candidatos en enero de 2010, constituyen uno de estos hechos que parecen inexplicables y que, sin embargo, no corresponden sino a una paciente acumulación de circunstancias que provocan la catástrofe final.
La acumulación de circunstancias es uno de los factores que es necesario tener en vista para un análisis de los hechos; sin embargo, también es preciso recordar que, en el mundo social, cuando se trata de grupos que disputan entre sí determinadas posiciones sociales, no siempre rige aquella creencia en virtud de la cual se estima ha de imponerse el mejor. En estos casos, escasa o nula cabida tiene la teoría del darwinismo social que supone la supervivencia del más apto. Porque, a menudo, no se requiere ejecutar actos notables o heroicos para alcanzar la victoria sobre un eventual rival, ni es necesario demostrar mayor excelencia, claridad de ideas o superioridad frente aquel, pues solamente basta que incurra en equivocaciones, en errores manifiestos o actitudes reprochables reconocidas como tales por la comunidad. Es más: a menudo, ni siquiera se requiere poseer mejores dotes para ganar una disputa; apenas si basta que el contrario cometa desaciertos, torpezas o acciones impensadas, o irreflexivas. Porque no siempre gana el más capaz, el más sabio, el más inteligente, sino quien ha sido recompensado con los desatinos de su rival. No por algo ciertas sociedades son gobernadas por sujetos mediocres e, incluso, por individuos cuyos coeficientes intelectuales resultan, a menudo, ser más bajos que el del común de los mortales.
De si algo similar pudo suceder en el Chile de 2010, dan cuentas ciertos hechos que invitan a desnudar el comportamiento general de los rivales enfrentados el 17 de enero recién pasado, hacer un breve análisis de las ventajas y desventajas que tenían el uno sobre el otro, y la incidencia que las mismas tuvieron sobre la masa electoral.
1. HECHOS O CIRCUNSTANCIAS QUE PUDIERON CONCEDER VENTAJAS O DESVENTAJAS AL CANDIDATO DE LA COALICIÓN POR EL CAMBIO POR SOBRE SU RIVAL.
Para algunos de sus adeptos, la victoria de Sebastián Piñera Echenique cuando no aparece como obra de la alianza que lo apoyó, es decir, la ‘Coalición por el Cambio’, lo hace como resultado de sus dotes o aptitudes personales. La teoría del ‘líder’ o de ‘las personalidades’ se sustenta, precisamente, en esos fundamentos. Pero, ¿es posible estimar que así sucedió, realmente? ¿Era Piñera el polo de la atracción electoral, o la alianza que lo apoyaba? Veamos, primeramente, si acaso esta última lo constituía.
1. Las aptitudes de la Coalición por el Cambio.
La Coalición por el Cambio no era sino la vieja’ Alianza Por Chile’, organización creada por los partidos Unión Demócrata Independiente UDI y Renovación Nacional RN, a la que se incorporó la agrupación política, formada en 2007, por el senador Fernando Flores, ‘Chile Primero’. Por consiguiente, la primera incógnita a despejar por quien estima que fueron las acciones de la Coalición por el Cambio o del propio candidato el motor que lo llevó a enfrentar exitosamente las justas electorales de 2009/2010, es determinar si acaso ganó esta nueva alianza por el simple hecho que se incorporó a ella un contingente político como lo fue ‘Chile Primero’, o si no fue por ello. No hay que olvidar un hecho crucial: apoyado por las mismas fuerzas políticas, con excepción de ‘Chile Primero’, Piñera ya había enfrentado a la Concertación de Partidos por la Democracia, en 2004, sin alcanzar la victoria. ¿Fue, entonces, ‘Chile Primero’ el factor que decidió el cambio? Personalmente, no puedo dejar de manifestar aquí mis profundas dudas al respecto. Quiero decir, simplemente, con ello, que no lo estimo así. ‘Chile Primero’ no es una entidad capaz de movilizar a un amplio sector del electorado nacional; de hecho, no ha sido capaz ni siquiera de elegir a un senador o a un diputado.
Entonces, si no fue la acción de la nueva entidad que formó parte de la alianza, ¿a qué se debe que haya ganado Sebastián Piñera? ¿A su programa? El programa del candidato, salvo diferencias de escasa significación con los planteamientos expuestos en el programa de Frei Ruíz-Tagle, era similar al del candidato de la Concertación. Su equipo estaba conformado por personas poco conocidas, a diferencia de las de su contraparte que eran muy conocidas; por lo demás, se dejaban entrever profundas divergencias entre varios personeros de los dos partidos centrales de la alianza. Sin embargo, y a pesar de esas dificultades, ganó.
Es cierto que la candidatura de Piñera supo aprovechar con éxito algunas proposiciones resistidas por la Concertación y transformarlas en banderas suyas de lucha, entre las cuales merecen mencionarse las siguientes:
a)La negativa de la Concertación a eliminar el 7% de contribución a FONASA, que entregan los jubilados del país, la mayoría de los cuales tiene, por ley, derecho a atención gratuita en los hospitales y centros hospitalarios del país. Piñera prometió eliminar esa contribución para el caso de ser elegido, generando gran simpatía entre los afectados.
b)El silencio de la Concertación a pronunciarse acerca de la proposición hecha por la Conferencia Episcopal de establecer un sueldo mínimo ético de $ 250.000 para todos los trabajadores del país; también Piñera tomó esta propuesta como una de las tantas medidas que aplicaría para el caso de ser elegido presidente.
c)La negativa de la Concertación a solucionar el problema de los deudores habitacionales. A diferencia del gobierno, el candidato de la Coalición respondió estar dispuesto a sentarse a conversar con aquellos en caso de ser elegido.
d)-Su propuesta en torno a eliminar lo que denominó ‘puerta giratoria’, concepto ambiguo a través del cual criticó la Reforma procesal que concedía a los fiscales la facultad de investigar los delitos en lugar del juez. Esta situación permitió que, al no cumplirse a cabalidad esta función, los magistrados se vieron en la obligación de conceder la libertad a gran cantidad de delincuentes sorprendidos, algunas veces, en plena comisión de delito por no haberse configurado claramente la trasgresión.
e)La voluntad de Piñera expresada en torno a conversar con los profesores acerca de una solución al problema de la deuda histórica.
f)La voluntad expresada en cuanto a terminar con lo que denominó ‘corrupción’.
g)La promesa empeñada en torno a elevar la productividad.
h)La proposición de eliminar el porcentaje de participación de las Fuerzas Armadas en la venta del cobre y su sustitución por otro mecanismo legal de financiamiento. Y, finalmente,
i)La drástica solución al problema de la delincuencia en el país, a través del aumento de la dotación policial en 10 mil efectivos, promesa que dio esperanzas a gran parte de la población nacional, cansada de los robos y asaltos.
No parecen dignas de mención las expresiones del entonces candidato en torno a crear un millón de puestos de trabajo, promesa que es muy probable no pueda cumplir dada la situación internacional que se presenta bastante complicada.
Pero todas estas medidas no bastan en sí para echar por tierra todas las medidas adoptadas por la Concertación en sus veinte años de gobierno y dar el triunfo al candidato opositor. Las sociedades, por lo general, son profundamente conservadoras y raras veces alteran el curso de la historia en aras de una aventura social. Lo cual deja sin respuesta a la pregunta por qué ganó Piñera la elección.
¿Fue, entonces, por sus dotes personales? ¿A su acertada elección como candidato?
2.Las aptitudes personales del candidato.
Piñera anunció su candidatura en 2008; fue un acto por entero personal suyo. Posteriormente, lo fue de su propia colectividad política, que no veía a otro militante en mejor situación para presentarlo en calidad de candidato presidencial. Se trató, por consiguiente, de una candidatura que él impuso a su propio partido, a Renovación Nacional; esta colectividad lo hizo respecto de la UDI y, posteriormente, ambas, la impusieron a Chile Primero. La elección del candidato, así, no fue tal. No hubo elección en el sentido estricto de la palabra. Fue un candidato impuesto que, sin embargo y pese a todas esas circunstancias, ganó.
Si Piñera jamás fue elegido por las bases partidarias que lo apoyaron sino fue impuesto, ¿a qué se debió su triunfo? ¿A su calidad humana? No parece ser esa la clave de su victoria. Entrevistas hechas a trabajadores suyos no permiten concluir, precisamente, que el presidente electo se destaque por su calidad humana sino, al contrario, por la forma autoritaria que aplica a sus subordinados en las relaciones que mantiene con el mundo laboral. Existe abundante testimonio de ello, especialmente a propósito de la huelga en el aeropuerto de Santiago, a fines del pasado año.
¿Se debe, entonces, el triunfo suyo a su calidad como estadista? Piñera jamás ha destacado como estadista. No existe testimonio suyo alguno que le avale en tal calidad. Nunca ha sido hombre de estado. Apenas ha tenido como desempeño público la calidad de senador; en este caso, su situación no lo hace diferente a la que pudieron presentar otros eventuales candidatos.
¿Se debe, entonces, a su carácter de líder empresarial? Tampoco parece ser ésta una de las causas de su victoria. También han existido otros líderes empresariales que han intentado disputar sin éxito alguno a la Concertación la presidencia de la Nación como lo hizo el conocido empresario Francisco Javier Errázuriz Talavera hace algunos años. La pregunta permanece sin respuesta: ¿Qué hizo ganar a Piñera la elección presidencial de 2009/2010?
3.Otros factores que pudieron influir.
¿Se debió, entonces, al control que ejercía sobre los medios de comunicación social? Sebastián Piñera estaba apoyado por toda la prensa chilena, expresada en las cadenas de diarios El Mercurio (Las Ultimas Noticias y La Segunda) y La Tercera (la Cuarta), de las revistas ‘Ercilla’, ‘Qué Pasa’, ‘Poder’, y ‘Estrategia’; de los canales Megavisión, Chilevisión, La Red y 13. Frei sólo disponía de ‘La Nación’, diario gobiernista, y del Canal Nacional. Sin embargo, esta situación en nada difería de aquella que se presentara en el curso de las elecciones pasadas: Michelle Bachelet dispuso de los mismos medios que empleó Eduardo Frei en estas elecciones y, a pesar de ello, ganó por amplia ventaja a su opositor que no era otro sino el mismo candidato Sebastián Piñera. Los medios de comunicación poca influencia tuvieron al respecto.
No puede decirse que la Coalición por el Cambio triunfó porque la Concertación abandonó sus principios de ‘izquierda’. El ‘izquierdismo’ en el Chile post dictatorial sólo ha logrado recibir un escaso porcentaje de la votación nacional; su influencia no es decisiva.
Tampoco puede decirse que Piñera ganó porque es la ‘derecha’ y el país se ‘derechizó’, siendo Frei la ‘izquierda’. Eso es una falacia. Quienes así raciocinan no tienen idea de la composición de clases de la sociedad chilena. Piñera no es más representativo del empresariado chileno que Eduardo Frei Ruíz-Tagle y otros hombres de la Concertación como Eugenio Tironi, Ricardo Solari, Edmundo Pérez Yoma o Enrique Correa; por lo demás, no debe olvidarse que los hombres más poderosos de Chile (Anacleto Angelini y Andrónico Luksic) siempre fueron concertacionistas, y vieron en esa alianza la representación de sus intereses de clase. Es verdad que, al otro lado, en el sector de la Coalición por el Cambio, aparecen algunos latifundistas, las empresas quedadas a la muerte de Ricardo Claro y las que posee el propio Sebastián Piñera. No obstante, para la Confederación de la Producción y del Comercio CPC (dirigida por Rafael Guilisasti), para la Asociación Nacional de Bancos e Instituciones Financieras (dirigida por Hernán Somerville), para la Asociación Nacional de Asociaciones de Fondos Previsionales (dirigida por Eduardo Aninat), para la Federación Gremial de la Industria SOFOFA (dirigida por Andrés Concha Rodríguez), para la Asociación Chilena de Seguridad (dirigida por Eugenio Heiremans) y, en general, para todas las organizaciones gremiales de empresarios, simpatizantes de la Concertación, Eduardo Frei Ruiz-Tagle era el favorito pues esa alianza tenía la virtud de controlar la veleidad sindical a través del manejo de la Central Unitaria de Trabajadores (dirigida por Arturo Martínez, vicepresidente del PS, partido de la Concertación). Al contrario de la candidatura de Frei que representaba para el empresariado la tranquilidad laboral, la candidatura de Piñera, por el contrario, auguraba inestabilidad social.
Vistas así las cosas, Piñera tenía escasas posibilidades de ganar. La Concertación, en los 20 años de gobierno, había demostrado con creces que era capaz de administrar el capital con tanta o mayor habilidad que sus representantes naturales. La pregunta sigue vigente ¿Qué hizo la victoria de la Coalición por sobre la de la Concertación? Si no existen razones de suficiente peso en la persona del candidato ni en su coalición que explique su victoria por sobre una alianza tan exitosa como lo fue la Concertación, ¿qué fue lo que sucedió?
4.Nuestra tesis central.
A nuestro entender, más que ganar por méritos propios o de su alianza, pareciera ser que Piñera ganó por la incapacidad de la Concertación de imponer su candidato. Desde este punto de vista, podríamos decir que si el candidato de la Coalición por el Cambio se impuso por sobre su adversario fue porque, en primer lugar, enfrentó a una organización desarticulada, conmocionada por disputas internas, dividida; en segundo lugar, porque esta coalición desorganizada, desunida, había buscado resolver sus contradicciones interna cometiendo tal cantidad de desaciertos que volcó en contra suya a la opinión pública, permitiendo su victoria. Digámoslo de otra manera: las acciones y/u omisiones de la Concertación hicieron que Piñera ganara. Es la única explicación posible a que una ‘coalición por el cambio’ se impusiese sobre su rival sin especificar a qué clase de ‘cambio se refería. Porque tal ‘cambio’ jamás fue definido en profundidad, cuando no fuese referido a los personajes que dominaron la escena política chilena desde 1990 en adelante. Pero, ¡cuidado! No se trataba de un simple ‘cambio’ provocado por el ‘cansancio’ de ver las mismas caras, o cambiar a ‘viejos’ por jóvenes, argumento feble, que nada explica sino complica; tampoco de una ‘necesidad de cambio’, entendida como especie de ‘ley natural’ y expresada con la misma simplicidad de quien explica el auge o la depresión como consecuencia de esa presunta ley según la cual todo lo que sube baja, y viceversa. Para entregar semejantes análisis no se requiere mayor estudio. De hecho, los propios economistas que se pronunciaron apoyando a Piñera han sido terminantes en señalar que ‘cambios’ no habrá en el sentido literal de la palabra. Así, expresó, por ejemplo, Sebastián Edwards, de la Universidad de California UCLA:
“Lo que veremos (con Piñera) es un cambio de énfasis y una mejor ejecución de las políticas”.
Por su parte, Alberto Ramos, de Goldman Sachs:
“Los grandes pilares de la política económica no se van a cambiar sustancialmente. Aunque la gente espera un marco más promercado”.
Y Arnoldo Hax, del Massachuset’s Institute of Technologies MIT:
“Hay expectativas porque él ha criticado la marcha económica de Chile, pero no son monstruosas, porque la situación del país no es mala”.
De hecho, al sostener su primera entrevista con Jaime Ravinet, personaje que le sucedería en el cargo de ministro de Defensa Nacional del próximo gobierno, señaló Francisco Vidal, el 11 de febrero, que aquel continuaría con la política de la Concertación en esa materia. Una situación similar se ha visto en la rama de Relaciones Exteriores, en donde es posible que el trato se mantenga y cambie, en parte, sólo con respecto a Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Entonces, ¿qué se ha tratado de decir con ’cambio’? ¿Cuál es el ‘cambio’ que debería haber? Al parecer, bajo la expresión ‘cambio’, se trata tan sólo de realizar un relevo de personas por razones bien precisas. De cambiar rostros por otros, porque unos representaron determinadas formas de gobernar, reñidas con la práctica social. De terminar con un grupo de sujetos que se hicieron ‘indeseables’ en sus formas de ser, de personajes que habían hecho de su posición política una fuente de enriquecimiento ilícito. O, también, de poner término al dominio discrecional que algunos individuos ejercían sobre el patrimonio nacional. Ahí sí que tiene mucho que ver el vocablo ‘cambio’. Corresponde, en otras palabras, a lo que en años anteriores había propuesto otro político bajo el nombre de ‘desalojo’: eliminar a los advenedizos y administrar el estado de manera diferente a como aquellos lo habían hecho, sin alterar su estructura e ideario. La extracción de plusvalor ha de continuar con otros sujetos pues se trata, en el fondo, de esquilmar a los productores directos sin que éstos adviertan que son expropiados, de hacerlo con leyes y concesiones debidamente autorizadas, de eliminar a la representación espuria, por su ineptitud, de sacar a los ‘gatos de campo’ y colocar a ‘gente decente’, a ‘gente linda’, en su lugar, que sí sabe ─y mucho─ cómo conjugar el verbo ‘expropiar’.
2.HECHOS O CIRCUNSTANCIAS QUE CONCEDÍAN VENTAJAS Y DESVENTAJAS AL CANDIDATO DE LA CONCERTACIÓN DE PARTIDOS POR LA DEMOCRACIA POR SOBRE SU RIVAL.
La Concertación representó el interés de un vasto sector de la ciudadanía, cansado de la dictadura, de sus abusos y arbitrariedades. Representó, además, el ideal democrático del chileno. Y una esperanza para los sectores desposeídos. Especialmente, porque participarían en el gobierno de la nación partidos ligados a la historia de los avances sociales como lo fueron el Radical, Demócrata Cristiano y Socialista. La desconfianza hacia la dictadura se transformó en confianza hacia la Concertación. A poco andar, sin embargo, las cosas no se mostraron como en un principio. Entonces, fuertes contingentes de personas, descontentas con las formas de proceder de la alianza, abandonaron la escena política de la nación y a sus dirigentes.
Con todo, en sus 20 años de gobierno ininterrumpido, la Concertación de Partidos por la Democracia realizó notables avances en materia social, apoyados en un cuidadoso manejo de las finanzas nacionales. Tales conquistas, no obstante, se vieron empañadas por prácticas reñidas con los principios que deberían orientar a un movimiento social organizado, como se dijo, para restituir a la ciudadanía la plenitud de los derechos conculcados por la dictadura y poner fin a las prácticas del enriquecimiento particular indebido a partir de la pertenencia al estado. Porque las acciones que alguien hace en beneficio de otro pueden ser opacadas por las efectuadas en contra de otras personas, en contra del bien común o de algún principio moral. Un hecho que ilustra con propiedad esta reacción a comportamientos inapropiados nos la entrega Beethoven, que escribió su Tercera Sinfonía en homenaje a Napoleón a quien admiraba. Bastó, sin embargo, que supiese de la autoproclamación del corso en emperador para explotar en cólera y romper el texto de la obra. Ya, antes, se había decepcionado del mismo tras conocer la orden que había dado de fusilar al Duque de Enghien. Los principios, asentados sobre sólidas bases morales, impiden condescender con quienes los violan impunemente, con quienes son incapaces de ser honestos con los demás.
A la manera que lo hace el individuo particular, el conjunto social no juzga sin antes realizar un proceso de comparación de patrones. En dicho proceso se miden los comportamientos de los grupos humanos y/o de las personas frente a los principios. Los actos adquieren un peso moral que puede romper el principio de equilibrio, y muchas buenas acciones terminan siendo opacadas por la trasgresión a un principio ético, a la moral misma o a las buenas costumbres. Para analizar las causas que condujeron a la derrota de la Concertación es, pues, conveniente determinar cuáles fueron los actos que inclinaron la balanza de su apoyo electoral hacia el sector coalicionista. Porque es ahí donde, en gran medida, radican las razones de la derrota. Los actos considerados ‘buenos’ fueron obnubilados por la comisión de otros, estimados ‘malos’.
Existen innumerables acciones y/u omisiones cometidas por la Concertación de Partidos por la Democracia que pavimentaron el triunfo del candidato de la Coalición Por el Cambio. Dividamos la exposición, entonces, entre acciones y omisiones.
a.Las acciones.
Las acciones que una persona realiza pueden ser lícitas e ilícitas; estas últimas son casi siempre ‘delictivas’. Las lícitas pueden, a su vez, ser morales e inmorales. Queremos, con ello, expresar que cuando se califica el hecho cometido por una persona como inmoral, reprobable, reprochable, en modo alguno se le está atribuyendo el carácter de delito ni, mucho menos, la calidad de delincuente a quien lo lleva a cabo. Porque no todo delito es inmoral ni toda inmoralidad es constitutiva de delito. En Chile, se acostumbra a enseñar que es delito la acción señalada como tal por la ley. Pero eso es una verdad a medias: es delito aquel acto que no solamente se encuentra tipificado en esa calidad por la ley, sino ha sido reconocido como tal por sentencia judicial. Y los tribunales no siempre califican una conducta de ‘delictiva’. Los magistrados, aunque intentan aparecer como independientes, también actúan, en ciertos casos, políticamente.
No obstante, cuando la acción lícita adquiere el carácter de inmoral se acostumbra a hablar de corrupción. En muchos casos, bajo tal denominación se trata de describir verdaderos delitos que no han podido ser tipificados como tales ante los tribunales de justicia, pero que la población conoce y estima como tales. Existe, consecuentemente, consenso social en torno a estimar que la acción cometida es por entero reprochable y merece una sanción. La acción inmoral queda inscrita en la memoria colectiva, transformándose en un concepto peyorativo: ‘corrupción’. En este sentido, puede afirmarse así que fue la corrupción lo que condujo a la derrota a la Concertación y al consiguiente triunfo de la Coalición por el Cambio.
La corrupción se caracteriza, no obstante, entre otros rasgos, porque quienes cometen los actos reprochables no sólo eluden la acción de la justicia, sino establecen una juridicidad que los deja al margen de la ley. Una enorme cantidad de ‘fueros’ son establecidos para su protección legal. Sin perjuicio de esa muralla reglamentaria, son defendidos por otros que también los cometen. Se construye, por consiguiente, una red inmensa de sujetos que se están exculpando constantemente a la vez que continúan realizando acciones reprochables. Todos ocultan lo que el otro hace porque todos pertenecen a una estructura en donde todos dependen de todos. Es una verdadera mafia funcionando al interior del estado. En determinados momentos, tales actos asumen el carácter de escándalo como sucedió con INVERLINK, el caso de las patentes en Rancagua/San Fernando, y la Empresa de Ferrocarriles del Estado, donde los culpables fueron entregados a la justicia; en otros casos, hay absoluta impunidad como sucedió en Petrox, ENAP, CODELCO, Ministerio de Salud, de Educación, de Vivienda y Urbanismo, de Obras Públicas, en el caso de los planes de empleo mínimo en la Quinta Región, en fin.
Puede resultar incluso cómico, pero a fines de enero, a poco de terminar su era, la Concertación seguía cometiendo insensateces como lo fue aquella denunciada por Radio Bío-Bío, entidad a la que no puede acusarse de haber sido oposición al gobierno concertacionista [iii]. Algo similar sucedió con el caso de la AFP Modelo [iv], creada a poco de realizarse las elecciones presidenciales.
1.El nepotismo.
En veinte años, la Concertación creó una estructura estatal a la que solamente tenían acceso los miembros de determinadas familias que llegaron a reemplazar a la vieja aristocracia castellano/vasca vigente hasta la llegada del Gobierno Popular en 1970. La Concertación no solamente elevó a los Tomic, Frei, Velasco, Tohá, Estévez, Egaña, Serrano, Pérez, Bachelet, Joignant, Zaldívar, al rango de administradores del estado por excelencia sino, también, a sus cónyuges, hijos y, en general, a toda la línea sucesora directa, a los hermanos de aquellos, a sus sobrinos y colaterales; lo mismo hizo para los dirigentes políticos y sociales. Una inmensa burocracia integrada por los familiares de quienes ejercían cargos de dirección dentro de la alianza tomó para sí los empleos mejor remunerados del sector público como si les correspondiesen por aplicación de las leyes de la herencia. ¿Angustia por ubicar a sus retoños y colocarlos a cargo de la dirección de las diversas áreas del estado? ¿Inseguridad? Todo pudo ser. Lo cierto es que así se organizó la administración de los chilenos. El presidente Lagos no solamente ubicó a su vástago Ricardo Lagos Weber dentro de labores de gobierno, sino obtuvo que lo enviaran a estudiar al extranjero con una ‘Beca Presidente de la República’, la misma estatuida por el general Augusto Pinochet bajo su dictadura, destinada a beneficiar a los miembros de la clase acomodada; su mujer, Luisa Durán de la Fuente, no fue solamente ‘Primera Dama’, sino se dedicó a colocar a todos los miembros colaterales de su familia en cargos claves de la Administración Pública: un primo de Luisa Durán, Matías de la Fuente, fue jefe de Gabinete del presidente Lagos y estuvo involucrado en el escándalo del MOP-Gate, al igual que el hermano de aquella, Hernán Durán de la Fuente. En los últimos tiempos, ha sido emblemático el caso de ciertas familias como la de la ministra del Trabajo Claudia Serrano Madrid, de filiación socialista, las familias Tohá, Girardi, Reyes, Pérez, Latorre, y, sobre todo, Frei[v].
¿Cuál es el fundamento de esta práctica? Se podría decir que su fundamento se encuentra en la necesidad de creer en la transmisión hereditaria de las aptitudes y de las ideas; que el hijo heredará no sólo los caracteres del padre, madre, abuelo o de un familiar cercano, sino su compromiso social. En realidad, si bien es cierto que tal podría ser el fundamento filosófico, la causa de las prácticas nepotistas arranca solamente de la necesidad de asegurar a la descendencia y a los familiares más cercanos un empleo remunerado en cargos de dirección pública. No hay que olvidar que la extracción de clase de la llamada ‘izquierda’ es su pertenencia al aparato estatal; son personas adscritas a la estructura del estado. No se trata, sin embargo, de cualquier empleo, sino de aquellos que están mejor remunerados, apetencia clásica en ese estamento social que Nicos Poulantzas denominara ‘burocracia estatal’[vi]. La generalidad de estas personas y sus familias ha vivido a costa del estado y tiene escaso o nulo interés en resolver los problemas sociales. La lucha de clases es sustituida por otra: una frenética disputa por acceder a los cargos de mayor remuneración y desplazar a todo aquel que pueda ser un posible rival. El estado pasa a ser un feudo particular. Y es aquí donde radica una diferencia crucial que separa a estos sectores sociales de la representación natural de las clases dominantes. Porque la representación espuria de éstas expropia las arcas fiscales apropiándose de los empleos y realizando, para ello, acciones que bordean la ilicitud; por lo mismo, está constantemente desprestigiándose. Por el contrario, la representación natural dicta leyes para apropiarse de los bienes comunes, da golpes de estado y legaliza en suma todo lo que hace: gobierna con la ley.
Sucede, no obstante, que el nepotismo no se detiene en el favoritismo hacia los familiares; conduce, por el contrario, al empleo del poder para la obtención de ventajas personales, a la realización de negocios al amparo de los cargos, al tráfico de influencias y a lo que se conoce bajo el nombre genérico de corrupción.
2.El favoritismo hacia los familiares.
Los familiares llevan a otros familiares. Y éstos, a sus amigos, y a los familiares de los amigos. En la cúspide de las organizaciones políticas y del estado se forma una dirección unida por vínculos de parentesco y amistad [vii]. Entonces, se hacen presentes las granjerías que la dictadura se otorgó para sí en su tiempo. Y es clamor general de ese grupo que tales granjerías no deben abrogarse sino, por el contrario, han de ser bien utilizadas por ellos mismos, familiares y amigos de los que dirigen los destinos del país. Así se han repartido, entre otras granjerías, las ‘Becas Presidente de la República’ y los viajes al exterior en las reparticiones públicas y empresas del estado.
Creadas por la dictadura, las becas ‘Presidente de la República’ fueron ampliamente aprovechadas por los dirigentes de la Concertación. El objetivo de aquellas era enviar a estudiar al exterior a las personas que obtuvieran los mejores puntajes de la Prueba de Aptitud Académica PAA (hoy Prueba de Selección Universitaria PSU). A su vuelta, tales personas serían contratadas por el estado para mejorar la calidad del servicio público. Un análisis más o menos somero permite suponer que a través de ese mecanismo, se pretendía reproducir el control de la sociedad por grupos privilegiados destinados a dirigir la sociedad. La idea fue aprovechada por la Concertación que procedió a enviar a los hijos, hijas, sobrinos, sobrinas, primos y, en general, familiares de los más altos dirigentes de esa colectividad. Pudieron, así, obtener el título que les otorgaba ventajas sobre sus compatriotas, los siguientes ministros: Laura Albornoz, Sergio Espejo, Clarisa Hardy, Ricardo Lagos Weber. Familiares de Soledad Alvear, Alejandro Foxley, Sergio Bitar, Eduardo Frei Ruíz-Tagle, Eduardo Aninat, José Miguel Insulza, Alberto Etchegaray, Patricio Aylwin, entre otros, tuvieron acceso a las becas, la mayoría de ellos sin merecerlo [viii]. Algunas de las personas agraciadas, viajaron a Estados Unidos a estudiar sin tener, siquiera, un elemental manejo del idioma inglés. Cómo obtuvieron esos títulos sin conocer el idioma es un misterio.
3.Colocación de amigos u ‘operadores políticos’ en cargos del estado, a fin de robustecer la posición personal.
El favoritismo hacia los familiares se extendió a ciertos amigos personales y a los llamados ‘operadores políticos’ a fin de robustecer el poder personal. Por supuesto que el interés colectivo estaba ya ajeno a las prácticas políticas. La Concertación necesitaba, solamente, cumplir su misión que era la de satisfacer las necesidades más inmediatas de su dirigencia. El caso más emblemático fue el de Camilo Escalona quien había tejido la red más extraordinaria de operadores que incluía hasta la propia presidenta[ix].
4.El empleo del poder para la obtención de ventajas personales o del grupo político.
Quienes conocen a quienes detentan el mando y mantienen ciertos vínculos con ellos comienzan a emplear tales influencias para la obtención de favores. Se cita como ejemplo de esta práctica la acción del entonces diputado Guido Girardi cuando un 28 de abril del 2002, cargó a la presidencia de la Cámara 3 millones 820 mil pesos, por el envío de 24 mil 648 cartas para la campaña de presidente de su partido. El 16° Juzgado del Crimen de Santiago (hoy, Juzgado de Garantía), que investigó el caso durante 10 meses, lo sobreseyó por no encontrar antecedentes suficientes para sostener que hubo delito en su actuar.
5.Los negocios al amparo del estado.
Muchas de las empresas que contrataban con los servicios y dependencias del Estado pertenecían a personas ligadas a la Concertación. Con ellas no sólo se pactaban precios y condiciones especiales sino, además, comisiones, porque cada funcionario necesitaba aumentar sus ingresos. Esta práctica llegó a extremos tales que hasta en los sectores más apartados de la población nacional se hablaba del ‘CVY’, una contracción del ‘cómo voy yo’.
No obstante, de todas estas irregularidades de las que existe amplia información periodística, la que alcanzó ribetes espectaculares fue conocida como ‘caso INVERLINK’, que pasó a la justicia al hacerse público el escándalo. No han sido provocado conmoción los negocios, que en las páginas de Internet se denuncian, de los hermanos Francisco y Gabriel Tomic en CODELCO. Tampoco se han establecido sanciones ni se han entregado a la justicia las diversas personalidades de la Concertación que hicieron negocios al amparo del Estado en la puesta en marcha del Transantiago. El propio ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma se encuentra vinculado a la empresa de Buses Marco Polo; también el vicepresidente del Partido Socialista Ricardo Solari, y el demócrata cristiano Andrés Navarro, que dirige la empresa SONDA, en fin. Jamás se han investigado a las empresas subcontratadoras que ofrecían sus servicios a empresas y dependencias del estado.
6.El tráfico de influencias.
Podría parecer superfluo explicar en qué consiste el tráfico de influencias. En otros países, como España, constituye un delito; no ocurre de la misma manera en Chile. Así, el art. 428 del Código Penal de ese país lo define como el acto en virtud del cual el funcionario público o autoridad influye
“[…]en otro funcionario público o autoridad prevaliéndose del ejercicio de las facultades de su cargo o de cualquier otra situación derivada de su relación personal o jerárquica con éste o con otro funcionario o autoridad para conseguir una resolución que le pueda generar directa o indirectamente un beneficio económico para sí o para un tercero”.
El tráfico de influencias se realiza en las licitaciones, en los llamados a ocupar determinados cargos estatales, a la formación y financiamiento de organizaciones no gubernamentales ONG, a la mantención de fundaciones y corporaciones, a la celebración de contratos de asesorías, en fin. En el transcurso de los sucesivos gobiernos de la Concertación hubo frecuente tráfico de influencias [x].
El tráfico de influencias se encuentra estrechamente ligado a lo que se conoce como ‘lobby’. Los más connotados ‘lobbistas’ de la Concertación han sido los ex personeros de gobierno y ex MAPU Enrique Correa y Eugenio Tironi. No obstante, uno de los más célebres casos de tráfico de influencias lo protagonizó el ex jefe de la División de Proyectos de la Unidad de Concesiones del MOP Alvaro González Barra quien, luego de facilitar los contactos del estado con el grupo español SACYR, pasó a desempeñarse como uno de los directores del consorcio en Chile. En estas gestiones no estuvo ajeno el ex jefe de gabinete de Ricardo Lagos y primo de Luisa Durán, Matías de la Fuente. González, además, formó la sociedad Consorcio de Transportes de Santiago, que es la entidad que aparece como autora del proyecto en asociación con SACYR, que fue presentado el 5 de noviembre de 2003 a la Coordinación General de Concesiones[xi].
El 9 de febrero de 2010, el mismo día que el flamante nuevo presidente Sebastián Piñera daba a conocer la nómina de su gabinete, la página Web del Senado de la República informaba que el senador Nelson Ávila se entrevistaba en esos momentos con el ministro de Obras Públicas Sergio Bitar para entregarle antecedentes que daban cuenta de un hecho asombroso:
“[…] unos 28 mil millones de pesos en licitaciones se habrían asignado en forma irregular a empresas que formaban parte de una red de tráfico de influencias, en la Dirección de Vialidad, especialmente en la VII Región”[xii].
7.El estado como fuente de financiamiento para determinadas organizaciones.
El estado mismo, sus dependencias, servicios y empresas fueron fuente de financiamiento para numerosas organizaciones vinculadas a la Concertación y su dirigencia. Un documento redactado por Ricardo Castillo Yanes, ex supervisor de CODELCO, da cuenta que algunas empresas y personajes vinculados a la Concertación recibieron dinero de la Corporación estatal, entre otras, la Corporación Tiempo 2000, que recibió US$ 599.000 y pertenecía a la Democracia Cristiana [xii].
8.El uso de la improvisación y falta de previsión.
No pocas acciones del gobierno fueron improvisadas y mostraron públicamente una asombrosa falta de previsión. Por ejemplo, el puente Huaquén oriente, cuya demolición se ordenó realizar y que, por incompetencia, resultó un fiasco; y el caso del puente de Loncomilla que se derrumbó sin intervención de terceros. En efecto, el 7 de marzo de 2009, se ordenó la tronadura de demolición del puente, ubicado en la Ruta 5 Norte ─correspondiente al tramo Santiago-Los Vilos─. El puente no cayó y debió ordenarse una nueva tronadura. El 18 de noviembre de 2004 se derrumbó el puente de Loncomilla que había empezado a construirse bajo la supervisión del ministro de Obras Públicas Javier Etcheberry en 1994 para ser entregado en 1996. Era una obra que costó 619 millones. Poco menos que lo estimado por el ministerio que era 635 millones. La empresa que lo construyo era la Empresa Constructora PAWYC Ltda., de propiedad del empresario de la DC penquista Ricardo Yaconi Pieger[xiv].
El caso del Transantiago es patético. Un proyecto que debió ensayarse en el carácter de piloto, en una municipalidad o en un sector determinado de Santiago, se puso en marcha sin considerar el enorme costo social y económico que podría significar. Sujetos inexpertos, aventureros y tercos decidieron por sí y ante sí llevar adelante el proyecto causando caos en la población.
No menos patético resultó la reforma al Código de Procedimiento Penal que terminó con la doble calidad del juez de sustanciador y acusador del proceso. La incorporación de fiscales inexpertos e ineficientes causó lo que Piñera denunció como ‘puerta giratoria’. También en forma improvisada se llevó a cabo el proyecto ‘Chile Crece Contigo’.
9.Falseamientos de los títulos académicos.
Un numeroso contingente de la Concertación falseó sus títulos universitarios a fin de justificar el acceso a determinados cargos de gobierno. De todos esos casos, recordamos el de Alberto Etchegaray de la Cerda, hijo del ex ministro de la Vivienda de Patricio Aylwin, Alberto Etchegaray Audry, demócrata cristiano, que se desempeñara en el cargo de Superintendente de Valores y Seguros; Etchegaray de la Cerda se vio obligado a renunciar luego de descubrirse que había ocultado su carácter de egresado de derecho atribuyéndose el título de abogado. También la ex ministra de Educación Yasna Provoste falseó sus antecedentes escolares al asumir el cargo de secretaria de estado.
10.Persistencia a respaldar al familiar, amigo u ‘operador político’ responsable de un ‘error’ manifiesto.
Cuando existe nepotismo, la defensa de todos por todos, el ocultamiento de los errores y desatinos pasa a ser la forma de vida del grupo privilegiado. No parece necesario insistir al respecto. La propia presidenta Bachelet estuvo involucrada en una defensa inútil de sus ministras de Educación Yasna Provoste y de Salud María Soledad Barría . No parece, tampoco, necesario citar aquí casos de funcionarios de más bajo nivel defendidos en igual forma.
11.Maridaje entre la empresa privada y el servicio público.
El caso más emblemático es el de Jaime Estévez Valencia, ex ministro de Obras Públicas y de Transportes y Telecomunicaciones de Ricardo Lagos, bajo cuyo desempeño participó decisivamente en el diseño para la puesta en marcha del Transantiago, incurriendo, junto a Javier Etcheberry y Germán Correa, en incalificables torpezas. Fue presidente del directorio del Banco del Estado de Chile al que cambió nombre por el de Bancoestado, gastando una enorme cantidad de dinero; allí concedió créditos a Andrónico Luksic para la compra de las acciones del Banco de Chile. Meses más tarde, al dejar la presidencia del Bancoestado, asumió como directivo en dicho banco para pasar, además, al directorio de la empresa ENDESA Chile, adquirida por capitales españoles, donde participa en el proyecto Colbún e Hidroaysén.
Germán Correa Díaz es otro de los casos de sujetos beneficiados por la actividad pública y privada. Ministro de Transportes y Telecomunicaciones durante la presidencia de Patricio Aylwin, comenzó a preocuparse de la licitación de los buses que circularían por Santiago. Esa actividad le permitió vincularse a la Fábrica de Carrocerías ‘Cuatro Ases’ S.A. donde actuaba de fiscal Fernando Rebolledo, hermano del entonces diputado del PPD Víctor Manuel Rebolledo; en esa empresa se le ofreció formar parte del directorio de donde salió, junto a Fernando Rebolledo, en extrañas circunstancias acusado de la comisión de estafas reiteradas, duplicidad de cobros, facturación simulada y otras acciones similares de dudosa moralidad. Luego de desempeñarse brevemente en el carácter de ministro del Interior durante la presidencia de Eduardo Frei Ruíz-Tagle, fue llamado por el presidente Ricardo Lagos para desarrollar el proyecto del Transantiago junto a Estévez y Etcheberry con las consecuencias ya anotadas. En 2006 asumió la dirección de la Empresa Portuaria de Valparaíso EPV; hasta ese año había estado desempeñándose como consultor en políticas públicas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Chile y como consultor para el área del transporte público del Banco Mundial.
¿Y Eduardo Frei, Enrique Correa, Eugenio Tironi y otros? ¿No son, acaso, claros ejemplos del maridaje entre la empresa privada y el servicio público? Karen Poniachik, ex ministra de Minería de Bachelet, ex vicepresidenta ejecutiva del Comité de Inversiones Extranjeras, de filiación DC, preside la institución ‘Chile Transparente’ desde agosto de 2009, para ‘transparentar’ los actos de la propia Concertación; antes, había sido nombrada como representante del gobierno ante la OCDE a cargo de gestionar el ingreso de Chile a ese organismo.
La contrató el Ministerio de Hacienda para tales labores y recibía una remuneración de $ 3.600.000. Integra, además, el directorio de Petróleos Transandinos S.A. TERPEL (empresa colombiana de distribución y venta de combustibles); en abril de 2009 fue designada por las AFP directora de la Compañía Chilena de Tabacos.
12.Arribismo y frivolidad.
El análisis del arribismo en la dirigencia concertacionista no puede dejar de lado la pertenencia de clase de la misma. Como lo hemos afirmado reiteradamente en nuestros documentos, la dirigencia concertacionista está conformada por personas estrechamente vinculadas entre sí por su adscripción al estado. Son sujetos que siempre han estado dependiendo del estado, de una u otra manera, o tienen vocación de hacerlo. No son personas ricas, sino buscan una forma de vida similar al de las clases acomodadas, al amparo del estado. Hijos, hermanos, nietos, sobrinos de ex empleados estatales, reproducen en sus personas la continuidad de esa pertenencia a la función pública no para servir, sino para hacer de ello una fuente de ingresos para ellos y sus familias.
No es extraño que la generalidad de ellos opte por vivir ‘de plaza Italia hacia arriba’. Algunos dirigentes de los partidos populares, incluso, han elegido vivir en Las Condes, los Domínicos, Lo Barnechea, Chicureo. Muchos de ellos compraron casas en un sector exclusivo a pocos kilómetros de Valparaíso, y no pocos han adquirido habitaciones en Cachagua, Reñaca, Caburgua o Lago Ranco a la manera de los magnates. La explicación es siempre la misma: todos ellos tienen ansias de gozar de cierta ‘tranquilidad’.
Cuando María Soledad Tohá heredó ─o recibió en el carácter de legado de su tío─ la Intendencia de Concepción, lo primero que hizo fue pedir se le instalara una ducha, contigua a su despacho, para poder tomar un saludable baño los días de calor; la intendenta de Concepción fue la indirecta responsable de la muerte del obrero forestal Rodrigo Cisternas. La ministra del Trabajo, Claudio Serrano, ‘estudiosa y fanática de los zapatos y de las carteras’, formuló su primera pregunta en el Ministerio para consultar por una peluquería en los alrededores.
‘Que sea buena y que esté cerca’, dijo.
Cuenta un periodista a quien concedió una entrevista que
“cuando llegó al gabinete de Trabajo, una de sus primeras decisiones fue decorar su oficina. Cambió la fotografía que había de uno de los últimos actos de la CUT en el que participó Salvador Allende ─que era del ex ministro Osvaldo Andrade─ y la reemplazó por telas de distintos estilos y colores. También mandó a tapizar las sillas de la oficina de reuniones, según consigna el portal ‘Chilecompras’”.
Y, agrega ese periodista, describiéndola:
‘De figura delgada, le gusta usar trajes y faldas, con una clara preferencia por el corte largo. Ama los platos vegetarianos, con verduras de la estación, y el agua mineral. Admiradora de Giorgio Armani, en las reuniones distendidas se autodenomina como "pituca".’
Posee una casa en Cerro Playa Ancha en Valparaíso, con una superficie de casi 500 metros cuadrados construidos, cuyo avalúo es superior a los 160 millones de pesos.
No es la única que posee ese tipo de propiedades: el senador Guido Girardi tiene una enorme propiedad en el Cerro Alegre; también lo hace el ex ministro Ricardo Lagos Weber, que hace poco adquirió una en el Cerro Yungay. La lista de quienes han elegido el Puerto, es larga: el ex asesor del Segundo Piso de La Moneda, en el periodo de Lagos, Ernesto Ottone, la abogada Carmen Hertz (ex embajadora en Rumania), la periodista Patricia Politzer y su esposo, Arturo Navarro Ceardi (ex militante MAPU, que dirige, desde sus inicios, el Centro Cultural Mapocho), entre otros.
Este rasgo de frivolidad que caracteriza a la dirigencia concertacionista no se encuentra ausente ni siquiera de la propia presidenta quien, en la primera oportunidad que ‘la pequeña gigante’ llegó a Chile, en 2007) no vaciló en ir a esperar a que despertara de su sueño; esta acción la repitió en 2010 cuando su amiga Carmen Romero, encargada del proyecto ‘Santiago a Mil’, repitió la llegada del títere gigante, acompañado de su tío, el ‘señor Escafandra’.
13.Mesianismo.
La generalidad de la dirigencia concertacionista mostró constantemente un marcado carácter mesiánico, como si la misión de gobernar la veleidad del ‘pueblo’ les hubiese sido confiada por mandato divino. Basta leer las intervenciones de sus más connotados líderes y voceros para encontrar allí una copiosa y abundante literatura referida al rol de encargados de regir los destinos del ‘pueblo’ chileno. Esta vocación de ser ‘elegidos’, de ser ‘ungidos’ por el destino, para conducir a ese ‘pueblo’ ignorante e incapaz de valerse por sí mismo no se encuentra tan sólo en las palabras del ex presidente Lagos, de los ministros Sergio Bitar, Andrés Zaldívar, entre otros; también está en la de los voceros como Lagos Weber, en la del ex subsecretario y hoy diputado Felipe Harboe, entre otros. Para formarse una idea de lo profundamente arraigada que ha estado tal creencia en la mente de la dirigencia concertacionista basta recordar a la ex intendenta de Santiago Adriana Delpiano quien no vacilaba en reconocer abiertamente provenir de un sector social con vocación de mando.
14.Arrogancia injustificada.
La forma de comportarse como sujeto superior, sujeto colocado por sobre encima de los demás, arranca del presunto éxito del modelo económico heredado de la dictadura. Este es un rasgo que adoptó el chileno en tiempos de la dictadura y se ha acentuado bajo la administración concertacionista, convencida de haber mejorado dicho modelo: Chile es el ‘jaguar’ de América Latina. Profundamente arraigada en los estamentos dirigentes de la Concertación, hizo que al propio presidente Lagos comenzara a denominársele ‘Ricardo I de Chile’, tan arrogante y despectivo era con quienes osaban contradecirlo .
Un grupo de personalidades, encargado de establecer condiciones especiales para el ingreso a los cargos de gobierno, no encontró nada mejor que sumarse a las opiniones de un no académico (José Joaquín Brunner) según las cuales debía colocarse como exigencia para ello preparación académica, en circunstancias que la generalidad de la militancia concertacionista no era académica, lo que llevó al falseamiento de los antecedentes personales. Dicha exigencia constituía una imbecilidad: atropellaba, por una parte, el principio central de la democracia que es dar a todo ciudadano la posibilidad, cualquiera sea su condición, de acceder a la dirección de la nación; por otra, porque la dirección de una nación requiere visión de globalidad y no de especialidad. La visión de globalidad no la enseña la universidad. Las universidades y centros de estudios superiores no solamente dejaron hace tiempo de ser ‘universitas’, sino sepultaron incluso la idea misma del ‘uomo universale’[xvii], como modelo social.
b.Las omisiones.
1.Falta de preparación teórica de los dirigentes.
Resulta desolador escuchar a la dirigencia concertacionista expresarse en términos políticos; la indigencia teórica de la cual adolece es patética. Sus máximos representantes, constantemente definiéndose como ‘socialistas’, jamás emplean el concepto de ‘clases sociales’, recurren a los manidos vocablos de ‘izquierda’ y ‘derecha’ para explicar su posición política, parecen ignorar las categorías de ‘comprador’ y ‘vendedor de fuerza o capacidad de trabajo’, y nunca han aplicado las categorías del socialismo, prefiriendo recurrir a expresiones vagas y poco precisas. Claudia Serrano, a poco de ser designada en el cargo de ministra del Trabajo expresaba ser ‘izquierdista’, muy suelta de cuerpo, como si, al pronunciar esa palabra, estuviese empleando un concepto magistral:
“Soy pragmática y soy de izquierda, la presidenta me ha dado una misión muy precisa (…) y es un año que no se viene fácil”
Muy pocos dentro de la dirigencia concertacionista son capaces de distinguir entre ‘poder’ y ‘gobierno’; menos aún son quienes pueden definir qué ha de entenderse por ‘democracia’ o cuáles son los elementos del estado. No emplean categorías, sino simples palabras de múltiple significado a la manera que lo hacen los periódicos; adolecen de rigurosidad retórica. ¿Necesitamos aquí referirnos a los ‘progresistas’ y ‘desarrollistas’ para darnos cuenta de la desoladora indigencia teórica que exhiben los llamados a administrar la miseria social?
Esta tremenda carencia de teoría llevó a la dirigencia concertacionista a estar identificando permanentemente a la representación natural de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo con la dictadura y denostándolos por ser herederos de aquella. Confundía esa dirigencia el carácter de un régimen de excepción con uno democrático y asimilaba lo que no era posible asimilar a fin de responder con insultos a las críticas de sus opositores.
Cuando los gobernantes emplean expresiones que ha hecho suyas la ideología imperante, implícitamente están propagando esa misma ideología. Preguntarse, después, por qué han sido derrotados más que ingenuidad denota estupidez.
2.Incapacidad para transformar el modelo y tendencia a administrarlo.
Jamás la Concertación intentó transformar el modelo de sociedad heredado de la dictadura. En parte, porque muchos de sus dirigentes tenían escaso o nulo interés en ello; en parte porque quienes buscaban hacerlo eran incapaces de llevarlo a cabo. Lo cual explica que se dedicaran a administrar el estado. Era inútil pedir a los organismos de supervigilancia que ejercieran sus facultades fiscalizadoras. Jamás las Superintendencias de Bancos e Instituciones Financieras y de Sociedades Anónimas, entre otras, intentaron aplicar medidas coercitivas en contra de los organismos sometidos a su control pese a que las denuncias se acumulaban en sus secretarías. Los servicios del estado fueron empleados solamente para extraer de ellos sueldos suculentos y granjerías, no para hacer justicia social ni para resolver los problemas de las grandes mayorías nacionales.
3.Incapacidad para ver y corregir sus propios errores.
No debe sorprender, por consiguiente, que todos esos ‘mesías’ estuviesen completamente incapacitados para ver y corregir sus propios errores. Porque un ‘mesías’ es un dios y los dioses no cometen errores; por tanto, nada tienen que corregir. Es la masa, ignorante, quien debe hacerlo. Esa masa que siempre está pidiendo más y más, y criticándolo todo. Esa masa que jamás se da cuenta lo difícil que es gobernar un país y que nunca hace suyo ese refrán según el cual ‘otra cosa es con guitarra’.
4.Incapacidad para resolver adecuadamente sus conflictos.
Establecido un sistema de acceso a los cargos gubernamentales en donde prima el nepotismo y el privilegio a las directrices partidarias, los conflictos de intereses aumentan y se hace poco menos que imposible resolverlos. El conglomerado que así funciona marcha, ineluctablemente, a la dispersión porque cada uno ve lo que le interesa y jamás considera el interés colectivo.
5.Incapacidad para distinguir el interés particular del interés colectivo.
En efecto, la satisfacción del interés particular impide ver la satisfacción del interés colectivo. Entonces, los rostros conocidos empiezan a sucederse unos tras otros; también los apellidos. A un Bitar necesariamente ha de sucederlo otro Bitar. O un Zaldívar. Al que ha de suceder otro Zaldívar. O un Bitar. Y a éste un Zaldívar. O un Lagos. O un Pérez. Y así sucesivamente.
7. Impunidad de quienes cometían actos de dudosa moralidad.
¿Puede sorprender, por tanto, que no fuesen sancionados, ni mucho menos condenados, quienes cometían actos de dudosa moralidad? No, porque los ‘mesías’ son dioses y los dioses no cometen errores. La mujer del César no necesita probar que es casta pues le basta tan sólo parecerlo; e, incluso, ni siquiera aquello.
Si se sabía que Francisco Tomic hacía negocios con su hermano Gabriel en CODELCO, ¿por qué no se le sacó de inmediato, y con él a todos quienes eran sus ‘colaboradores’ (cómplices o encubridores)? ¿Por qué no se le siguió juicio a quienes se les pidió la renuncia a las empresas del estado por cometer actos de dudosa moralidad? ¿Y a las ministras, como Provoste y Barría? ¿Por qué no se les entregó a la Contraloría o a los tribunales de Justicia? El Consejo de Defensa del Estado pocas veces funcionó como debió hacerlo; durante toda la era concertacionista dio la impresión de ser un ente inútil, pesado y burocrático. Pocas veces se hizo parte en la defensa del interés del Fisco y de la comunidad; hubiere resultado ilusorio suponer, siquiera, que lo haría en materia de derechos humanos.
8. Inactividad frente a los evidentes casos de inmoralidad y abusos.
Lo cual nos lleva a tratar la impasibilidad de las autoridades frente a los casos evidentes de inmoralidad y abuso del poder. Cuando la propia presidenta explica que Sebastián Dávalos Bachelet no ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores utilizando la calidad de hijo suyo y no le exige la renuncia, es porque el nepotismo y la impunidad han alcanzado tan alto grado de desarrollo que es inútil adoptar medidas al respecto. Lo que se repite constituye costumbre y por el transcurso del tiempo se hace ‘normal’: la inmoralidad y el abuso se han entronizado.
9. Escaso interés por efectuar cambios en el entramado legal heredado de la dictadura.
No debe sorprender, por consiguiente, que haya existido escaso o casi nulo interés en abrogar el entramado legal heredado de la dictadura. Lo que se ha obtenido ha satisfecho con creces los intereses de los grupos de presión que se han organizado bajo los partidos de la Concertación.
10. Incapacidad para crear organizaciones de reemplazo a las que existían.
Admitamos como moral algo moralmente inadmisible: la destrucción de las organizaciones sociales creadas y desarrolladas al amparo de la lucha contra la dictadura, como obra de la Concertación. Aceptemos que la nueva democracia post dictatorial que se asentaba en Chile, como en los tiempos de Napoleón El Pequeño, exigía, antes de nada tranquilidad y que para ello era necesario desmantelar las organizaciones combativas que existían. Aceptemos todo eso a sabiendas que no es posible hacerlo. Pero, aceptémoslo.
Hay, no obstante, un crimen mayor que cometen quienes así proceden, es decir, quienes destruyen las organizaciones sociales existentes en aras de un bien que suponen mayor, y ese crimen no es otro que olvidar crear las organizaciones que han de reemplazar aquellas. Esto es tan cierto que la propia dictadura, luego de destruir las organizaciones sociales de la Unidad Popular, creó los sindicatos que irían a sustentar el régimen que instauraba. Así lo hizo Ibáñez al tomar las riendas del estado, en la primera mitad del siglo pasado. Y es lo que no hizo la Concertación. Convencida que sólo ella bastaba para dar sustento a un régimen que calificaba de democrático, no desarrolló ni organizó a quienes irían a darle el sustento social que requería. No fue por olvido tal inacción, sino por conveniencia. Y, tal vez, ese fue su más grande error. Porque las grandes transformaciones sociales y la permanencia en el tiempo de una estructura sólo se alcanzan cuando se cuenta con fuerte respaldo ciudadano.
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